Facebook: “¡Me gusta!”

Eso debió pensar Mark Zuckerberg en el momento en el que se le ocurrió comprar el servicio de mensajería instantánea más extendido del mundo: Whatsapp. Por unos 13.800 millones de euros (19.000 millones de dólares), la empresa -que acaba de cumplir diez años- adquiría la aplicación más descargada (con permiso de Candy Crush y el difunto Flappy Bird) del mercado.

El movimiento tomó a mucha gente por sorpresa, temerosa de posibles inclusiones de publicidad o que el servicio pierda de alguna forma su calidad. De hecho, y pocas horas después de hacerse pública su compra por parte de “La red social”, Whatsapp dejó de funcionar por unas horas. Los más catastrofistas, ya hablaron de que esto se convertiría en una tendencia y se pasaron al creciente Telegram.

Pero no es el único movimiento maestro de la empresa de Zuckerberg. De hecho, en los últimos días hemos conocido que también se ha hecho con una empresa de robótica, productora de drones. 60 millones es, aproximadamente, lo que se gastará en la compra de esta empresa, que se dedicará en un principio a facilitar el acceso a internet en las zonas donde su uso es más limitado. No parece descabellado, teniendo en cuenta que Facebook es uno de los principales promotores de internet.org, una plataforma que es precisamente lo que busca. (Siendo un poco maliciosos, podríamos ver intereses económicos detrás de todo esto, más que una verdadera búsqueda para paliar la llamada brecha digital. A más usuarios de internet, hay una mayor probabilidad de que empleen la red social. Resultado: mayores beneficios).

Pero, si nos remontamos a hace casi dos años, recordamos esta noticia: Facebook compra Instagram. Facebook se hacía con la popular red social de imágenes, poco tiempo después de que ésta hubiera llegado a un acuerdo con Twitter para poder visionar sus imágenes en la web. Las críticas también llegaron, pero Facebook cumplió su objetivo de no interferir en Instagram.

Como vemos, en los últimos años las inversiones de Facebook en varios ámbitos (relacionados siempre con internet) se han duplicado. Y no es para menos que “extienda sus tentáculos”, cuando, según un estudio de la Universidad de Princeton, perderá un 80% de los usuarios en 2017. Es decir, después del bombazo de los últimos diez años, podría tratarse de un nuevo fiasco después de su fallida salida a bolsa: perdió su valor y tardó 14 meses en recuperar el valor de salida (38$ por acción).

Facebook está aprovechando su época de vacas gordas. Cerró 2013 con más de 1000 millones de dólares de beneficio, frente a los 53 con los que terminó 2012. Pero, en previsión de una pérdida de usuarios y de beneficios, está aumentando sus inversión en nuevos aspectos. Sobre todo, en el mercado móvil: WhatsApp e Instagram son aplicaciones empleadas, principalmente, desde los smartphone. Esto responde a una estrategia de mantenimiento, de fuerza frente a una posible caída de usuarios. La “diversificación” del negocio -probablemente inacabada- busca arraigar la empresa, frente a una posible crisis de las empresas de redes sociales (no hemos de olvidar la famosa burbuja y crisis de las empresas puntocom).

Facebook es una empresa pujante, pero con miedo. Otras empresas sociales ya se han diversificado y buscado nuevos mercados (Tuenti, la red social española, ha desarrollado un servicio de telefonía, en respuesta a la masiva pérdida de usuarios). ¿El boom de las redes sociales está acabado? ¿Terminaremos utilizando ordenadores Facebook o Twitter? El tiempo dirá.

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