Crónica de una muerte anunciada

Gabriel García Márquez, máximo exponente de la corriente literaria llamada realismo mágico, publicó en 1981 una novela llamada Crónica de una muerte anunciada. La novela, inspirada en un hecho real, narraba cómo se comete el asesinato de un hombre: Santiago Nasar. Pese a que todo el pueblo conoce las intenciones de sus asesinos, nadie intenta evitarlo o avisar al afectado, por lo que finalmente muere.

Este es un libro cuyo final conocemos desde el principio, en el que no es el final lo importante, sino el desarrollo de la novela misma. El final no tiene relevancia porque, básicamente, Santiago Nasar muere varias veces en el mismo libro; es decir, se narra varias veces desde distintos puntos de vista la muerte del protagonista.

Algo así es lo que está pasando a la prensa estos días desde que el 21 de marzo, Adolfo Suárez Illana anunciara que a su padre, el expresidente Suárez, le quedaban aproximadamente 48 horas de vida. La prensa, como si de carroñeros se tratase, ya ha matado en varias ocasiones al presidente Suárez. El anuncio de su muerte ha funcionado, casi, como su verdadera muerte. De hecho, incluso le ha restado valor: el anuncio de su futuro deceso no causará tanto “dolor” o sorpresa colectiva como si no lo hubieran anunciado previamente. Ya nos estamos haciendo a la idea de que, en palabras del doctor Guillén que recoge EFE, “Suárez se apaga lentamente”.

Pero lo relevante es el tratamiento que la prensa le está dando a este suceso y lo que ha causado gran indignación. Por una parte, encontramos al diario La Razón. En su portada del día de hoy (22 de marzo) hace un chiste bastante negro sobre la situación de la salud de Adolfo Suárez. “Suárez, en transición”, es lo que podemos leer en el periódico dirigido por el multifacético Francisco Marhuenda. (Quiero pensar que este doctor en Derecho se encontraba en una de sus múltiples tertulias a la hora de confeccionar esta portada y que no tiene nada que ver…). La Vanguardia también hace gala de tener grandes literatos entre sus redactores y titula su portada con un “Suárez se apaga”. (La muerte de Suárez es culpa de la subida de la luz, parece ser).

Siguiendo en el espectro conservador, ABC dedica en su versión web un especial a la figura del expresidente. Aquí los titulares se suceden como si ya hubiera muerto: detallan, incluso, , basándose en aquel celebrado a Calvo-Sotelo, y hasta el lugar de su futura sepultura junto a su mujer. Su versión en papel no mejora, y en portada lleva al Adolfo Suárez Illana con titulares de lo más lacrimógenos: el hijo, “entre lágrimas” y el padre, “en manos de Dios”. El Mundo avisa de que “España se prepara para honrar al primer presidente de la democracia”, y del recorrido que seguirá el féretro.

En El País han sido más discretos y entre sus titulares recoge unas declaraciones de Rajoy que, en su habitual prudencia e inacción, ha estado acertado: “Tenemos que esperar con serenidad los acontecimientos”. Por una vez los periodistas deberían hacer caso al actual presidente del Gobierno. La misma prudencia del presidente del Gobierno la presenta un diario ideológicamente opuesto: Público habla de que el Congreso acogerá los restos de Suárez, solo si su familia quiere, y que los médicos avisan de que no hay cambios en su salud. ElDiario.es se ha limitado a un acertado titular aséptico: “La muerte de Suárez es ‘inminente'”, citando a los hechos sin causar drama por algo que todavía no ha acontecido.

Todos estos titulares contrastan un poco con las afirmaciones que los médicos del exdirigente de la UCD realizaron ayer: la muerte podría no ser tan pronta. Es decir, aunque hayamos de ponernos en lo peor, quizá no fue lo más acertado fijar un plazo de 48 horas de vida al expresidente.

Vemos aquí grandes casos de una banalización y espectacularización de la muerte. La prensa busca vender a costa de la muerte de uno de los artífices de nuestro actual sistema. Lo que parecen supuestos homenajes no es sino una búsqueda de vender más ejemplares de sus periódicos o recibir más visitas en sus sitios web. Recientemente, y a colación de la muerte del eterno alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna; uno de los diarios citados metió la pata. En efecto, La Razón, el periódico de Marhuenda, “mató” al alcalde antes de tiempo en Twitter. No sin recibir críticas por ello, claro.

La velocidad por publicar una noticia y ser el primero en darla, venciendo a la competencia; sumado a la conversión de la noticia en un producto está provocando una crisis del periodismo y de la veracidad de los periodistas. La crisis del periodismo está en los periodistas.

EDICIÓN: Nada más publicar esta entrada, los servicios de Telediarios de TVE publicaron el siguiente tweet en su cuenta oficial. Creo que no hace falta explicación.

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