Ojalá que lluevan barcos del cielo

Mi intención no es plagiar a Juan Luis Guerra, ni mucho menos enfrentarme a la SGAE por parodiar el título de una de las canciones en español más famosas del mundo. Nada más alejado del objetivo.

En efecto, me refiero a la noticia que el jueves 27 de marzo, alrededor de las cinco de la tarde (cuatro en Canarias) hizo saltar todas las alarmas. Un avión de pasajeros había caído al agua de las costas canarias. Algunos medios, se hicieron eco del modelo de avión y su compañía. Incluso, algunos afirmaban que la ministra de Fomento, que se encontraba casualmente en Canarias, ya estaba coordinando junto a Paulino Rivero (presidente del archipiélago) las tareas de rescate.

EFE, vía elcorreo.com

Esto fue en un momento en el que las redes sociales se encontraban en plena ebullición: una nueva catástrofe aérea; el desastre del avión de Malaysia Airlines llegaba a España; se preveían numerosos heridos… Y al final resultó que todo lo había causado un barco grúa. Desde lejos, su silueta era similar a la de un avión de pasajeros, lo que provocó la confusión de pilotos, controladores y miembros del servicio de Emergencias del 112.

Las agencias de noticias dieron por buenos los informes de este servicio y los principales medios se apresuraron a dar la noticia. El titular más rápido sería aquel que atrajera a mayores visitantes.

Entonces, se dio la verdadera “tragedia” (para los medios): la noticia resultó ser falsa, y lo que algunos pilotos habían divisado en el agua era un barco remolcando a otro. La pura casualidad hizo que la figura resultante se asemejara a la silueta de un avión comercial. Sin trampa ni cartón, sin montaje fotográfico de por medio, únicamente el error del ojo humano, se desató una enorme alarma social.

Aquí fue cuando comenzó el debate: ¿los medios han de recoger los comunicados íntegros que emiten las agencias? ¿han de comprobar los teletipos? ¿se ha perdido el periodismo que contrastaba las informaciones?

Obviamente, la culpa no es enteramente de los medios. Como tampoco lo es del 112, quien únicamente informó de lo que les estaban contando diversos pilotos. Entonces, ¿a quién culpamos?

Hace un par de semanas, acudí a una charla en mi universidad que dieron Pepa Bueno (directora y presentadora de Hoy por Hoy, de la Ser) y Lucía Méndez (redactora jefe de El Mundo). Ambas coincidieron en que las redes sociales y las nuevas formas de informarse, aparte de los medios tradicionales, habían hecho que el papel del periodista cambiara. Según Pepa Bueno, en vez del qué, cómo, cuándo, dónde, porqué; los periodistas ahora tenían que explicar el cómo y el porqué.

Pero, el verdadero motivo por el que saco a colación este tema es porque también hablaron del papel de las redes sociales y cómo habían influido en los medios. Ahora, importa el publicar la noticia en Twitter antes que tus potenciales rivales, de forma que atraigas a todos los interesados y aumentes el tráfico de la página. Importan las comparticiones de los contenidos. La información no es más que otro producto más: dinero, publicidad.

La prisa por publicar no tiene otra explicación que la de ganar más dinero por publicidad. Contrastar la información no importa tanto como los grandes ingresos en concepto publicitario. All comes down to money.

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