Animal político

En su Política, Aristóteles definió al hombre como un animal político. Esto es, social por naturaleza. Basaba sus ideas en la existencia del lenguaje (lo que permitía la efectiva comunicación -inútil, en el caso de que el hombre no tendiese a relacionarse en sociedad-) y en los “conceptos morales” que permiten el desarrollo de la vida en el ámbito social. De hecho, para el filósofo griego (estagirita) el Estado surge por la propia naturaleza social del hombre. Es el espacio donde se dan sus relaciones y es el encargado de velar que el hombre consiga realizarse y ser feliz.

Esto no es otra cosa que un resumen -muy resumido- de algunas de las ideas que Aristóteles desgrana en los ocho libros que conforman su Política. La idea principal es que reside en la naturaleza de los humanos el relacionarse con otros miembros de su especie. Es en sociedad donde el hombre puede desarrollarse.

Muchos siglos más tarde, autores como Hobbes (Homo homini lupus) desmentirían esta idea y verían al hombre como un ser despiadado y al Estado como el Leviatán encargado de salvaguardar la propiedad privada.

Hemos acudido, quizá sin saberlo, en estos días a un ejercicio de POLÍTICA (así, en mayúsculas) en toda regla. Volviendo a la antigua Grecia, la política era lo referente a los asuntos de la ciudad (la polis) en la que tomaban parte todos los ciudadanos. Pues la política ha vuelto.

Resultados del referéndum escocés. Fuente: RTVE.es

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