La popular del Gobierno

Probablemente es una de las personas más influyentes del país, por no decir del Gobierno. Quizá sea una de las mujeres más poderosas de Europa. Al menos lo es en España. Me refiero, como no puede ser de otra manera, a Soraya Sáenz de Santamaría.

En los corrillos mediáticos y políticos ya se la conoce como la “vice para todo”. Y no es para menos. En el último mes, ha reunido cotas de poder en su persona que ni el mismísimo presidente del Gobierno ha llegado a tener. Y sigue siendo la miembro más eficiente del Ejecutivo, a vista de los ciudadanos. Según la última encuesta del CIS, Soraya Sáenz de Santamaría es la mejor valorada del Gobierno. A priori, este dato es positivo; no tanto si nos fijamos en las cifras: su media es de 2’75. Ni de lejos llega al aprobado, pero sí supera el promedio del Gobierno: un 2’19.

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría / eldiario.es

Primera de su promoción de Derecho en la Universidad de Valladolid, abogada del Estado con 27 años… Sin duda una carrera meteórica, que se tradujo también en su entrada en política de la mano de Mariano Rajoy en el 2000, como asesora jurídica. Entró en el Comité Ejecutivo Nacional del PP como Secretaria de Política Territorial, para ocupar el escaño dejado por Rodrigo Rato (sí, el de las tarjetas opacas de Bankia). Sin embargo, su verdadera relevancia política vendría con su nombramiento como portavoz del PP en el Congreso, en su etapa en la oposición. Sus continuos rifirrafes con los vicepresidentes del Gobierno y el resto de grupos parlamentarios son recordados, y fue aquí donde se convirtió en la verdadera mano derecha de Mariano Rajoy.

Tras las últimas generales en las que el PP se alzó con mayoría absoluta, Soraya Sáenz de Santamaría fue la encargada de realizar el traspaso de poderes entre la Administración socialista y el nuevo Ejecutivo popular. Esto dio a entender que Santamaría tendría una posición relevante en el futuro Gobierno de Mariano Rajoy. Y así fue.

Soraya Sáenz de Santamaría fue nombrada ministra de Presidencia (con competencias sobre los Servicios Secretos españoles, el CNI, que anteriormente le competían al Ministerio de Defensa), portavoz y vicepresidenta única del Gobierno. Mariano Rajoy optó por una vicepresidencia política única, sin la tradicional vicepresidencia económica, para coordinar él mismo la política económica del Gobierno.

La decisión parecía en un primer momento positiva: el Presidente se haría cargo personalmente de la gestión económica de la crisis; en un momento en el que las principales acciones de Gobierno estarían enfocadas a tomar medidas para atajar la recesión. Craso error.

La falta de coordinación económica, derivado de la poca sangre que demuestra Rajoy a la hora de tomar decisiones y de su naturaleza pasiva, que prefiere que los problemas se solucionen por sí mismos; conllevó a profundas discusiones entre los ministros económicos del Gobierno (no sólo Economía y Luis de Guindos, por una parte, y Hacienda y Montoro por otra; sino también Agricultura, Industria, Empleo…). Es por ello que Rajoy jugó su mejor baza: en efecto, la “vice para todo”.

Santamaría, en calidad de vicepresidenta, entró en la Comisión Delegada de Asuntos Económicos del Gobierno (algo así como un Consejo de Ministros Económico). No hay que olvidar que su Ministerio es una cargo meramente político y no requiere de un perfil tan técnico como otros. No tendría mayor importancia este nombramiento de no ser porque, de facto, establece también una especie de “vicepresidencia económica” en la figura de Sáenz de Santamaría, que cada vez cobra más peso en el Ejecutivo.

Sin embargo, su meteórica carrera de responsabilidades políticas no terminó ahí. Ni mucho menos. 2014 está siendo el año de esta vallisoletana, sobre todo con la entrada del nuevo curso político.

El 23 de septiembre Gallardón dimitió como ministro de Justicia tras la retirada del proyecto de ley del aborto por parte del Gobierno. Si bien una dimisión que evidencia el disenso en el Gobierno Rajoy es llamativa, más llamativo fue que el Presidente tardara unas tres horas en encontrarle relevo (puede explicarse por la delicada situación de Cataluña). A pesar de esta rapidez, Catalá no pudo tomar posesión por el viaje institucional de Rajoy a China, por lo que hubo que optar por un “parche”. Soraya ejercería las funciones de ministra de Justicia en hasta que el nuevo integrante del Consejo de Ministros jurase el cargo.

Los periodistas que estaban apostados en el Congreso el miércoles 24, durante la Sesión de Control de Gobierno, le hicieron notar a la vicepresidenta que nadie había acumulado tanto poder. Con una sonrisa, ella respondió que sólo serían unos días. Pero unos días de escándalo. El sábado 27 Artur Mas firmó la Ley de Consultas catalana y el decreto de convocatoria de la consulta del 9-N, lo que llevó a la ministra de Justicia en funciones a comparecer para informar de la respuesta gubernamental. Elevaron una petición al Consejo de Estado, un trámite para pedir un recurso de inconstitucionalidad al Tribunal Constitucional. La vicepresidenta se apuntó un tanto al dirigir esta situación.

Pero ahí no acabó todo. Poco después nos enteramos de que Rajoy había nombrado unos días antes a la ministra de Presidencia como la encargada de la protección de la bandera y los símbolos nacionales (Artículo 3.1). En medio de la vorágine política española, esto sugiere que Santamaría sería el primer adalid contra una supuesta independencia catalana.

Pese a todo, esto solamente se había traducido en sustituciones y adquisición de nuevas competencias. Hasta el 10 de noviembre, cuando en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, la portavoz anunció que presidiría un comité especial de expertos para el ébola. Tras la desastrosa gestión de Mato, esto nos hizo respirar de alivio a muchos. Por fin alguien competente gestionaría la mayor crisis sanitaria por la que pasa el Estado español. También se puede traducir en que Soraya asume competencias propias del ministerio de Sanidad (las más relevantes hasta el momento), dejando en nula su capacidad de influencia y decisoria.

En el último mes, a Soraya le hemos sumado a sus cargos habituales (vicepresidenta, portavoz y ministra de la Presidencia) la presidencia en funciones del Gobierno, el ministerio de Justicia y ahora también, prácticamente, el ministerio de Sanidad. Está claro que Santamaría no es un miembro más del Gobierno.

De hecho, la vicepresidenta es de las mejor posicionadas como sustituta de Rajoy al frente del Partido Popular. La otra en discordia es ni más ni menos que María Dolores de Cospedal. Ambas tienen grandes handicaps: por una parte, Santamaría carece de poder orgánico en el PP (no está en el Comité Nacional ya que salió de él cuando dejó la portavocía del PP en el Congreso); mientras que Cospedal, si bien disfruta de gran poder orgánico e institucional, está muy quemada por su gestión del caso Bárcenas. El nombre de la primera sonaba como candidata a la alcaldía de Madrid, pero parece poco probable que Mariano Rajoy mande a un puesto así a su mano derecha.

Sáenz de Santamaría está llamada a hacer grandes cosas. Es de las que mejor cuadra con el nuevo perfil de la oposición española: joven y preparada (Pablo Iglesias, Pedro Sánchez, Alberto Garzón…). Por lo que no resulta descabellado que en 2015 o 2019 a más tardar, sea la cabeza de lista. Soraya, de momento, es la popular del Gobierno.

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