Por el Gobierno, Mato

Y cayó. Parecía imposible hace tan solo una semana, pero los acontecimientos se precipitaron el miércoles 26 de noviembre. Probablemente, una fecha a recordar (para su desgracia) para la ya exministra Ana Mato. Al filo de las ocho de la tarde, y tras una tarde en la que mantuvo a la política española en vilo, Ana Mato lanzó un comunicado a través del Ministerio de Sanidad en el que anunciaba su dimisión.

El juez Ruz, instructor de los casos Gürtel y Bárcenas, está a punto de concluir la primera parte de la causa Gürtel. Su auto del pasado miércoles ya fue tejiendo los hilos de la futura causa: la instrucción está a punto de concluir y la fase del juicio oral está pendiente de comenzar.

Con Ana Mato, “empieza el cambio”

El escrito que Ruz presentó el miércoles, aparte de imputar a 43 personas, ha concretado el estatus de Ana Mato dentro de la causa: “partícipe a título lucrativo”. ¿Esto qué es? Básicamente, que no hay pruebas concretas de que Mato haya participado activamente en el delito (las diferentes estafas en las que incurrieron las empresas de Gürtel), pero sí de que ha resultado beneficiada de dichos actos (viajes a Disneyland, comuniones, fiestas de cumpleaños, cañones de confeti…). Esta figura jurídica se suele utilizar en casos de cónyuges de miembros de la Mafia o terroristas, pero es curioso su empleo en un caso de corrupción. Implica una responsabilidad civil: si Jesús Sepúlveda, exmarido de la exministra, resultara condenado a devolver el dinero robado, Ana Mato también tendría que pagar.

Sin embargo, el auto no aporta nada nuevo. No hay ningún tipo de documento ni prueba que no fueran ya conocidos. ¿Qué cambia? Que la espada de Damocles pende con fuerza sobre la cabeza de Ana Mato.

Era la tercera vez que Ana Mato ponía su cargo a disposición del jefe del Ejecutivo. Mariano Rajoy, que nombró a Ana Mato ministra de Sanidad (licenciada en Ciencias Políticas y con nula gestión y conocimientos en materias sanitarias) por pura meritocracia dentro del partido, aceptó en esta ocasión su dimisión. Sí, ahora es cuando ha trascendido que Ana Mato llegó a presentar anteriormente su dimisión (bueno, más bien ponerse a disposición de Rajoy: una dimisión en condiciones es la de Gallardón). No lo hizo cuando salieron las primeras acusaciones de Gürtel, tampoco tras la nefasta gestión del ébola… Pero no podía sostenerse la pertenencia de Mato en el Gobierno, “acusada”, y un día antes de uno de los plenos más importantes de la legislatura: el temático de medidas anticorrupción.

Por tanto, la pertenencia al Gobierno de Mato era una herida supurante en el seno del Ejecutivo. Era estar en misa y repicando. Era insostenible; torpedearse a sí mismo. Y Mariano Rajoy sabe que no es el momento de hacer tonterías, y que puede que no gobierne una segunda legislatura (“la segunda, ya tal”, que nos diría él). De momento, el barómetro de octubre del CIS (dependiente del Ministerio de Presidencia, siempre conviene recordarlo) sitúa a Podemos como primera fuerza en intención de voto, aunque tras la “cocina”, PP seguiría ganando las elecciones con un margen muy estrecho.

El Gobierno sigue siendo el peor valorado por los ciudadanos de la historia de la democracia. Pese a que, de momento, Wert ha conseguido mantenerse alejado de los focos y de la mirada inquisitorial de la opinión pública, sigue siendo el ministro peor visto. Pero Ana Mato estaba a la zaga: 1’78 es su valoración media.

¿Habrá un golpe de timón y un cambio en la política del Gobierno, en cuanto a comunicación y limpieza? De momento, Rajoy mantiene la incógnita sobre quién sustituirá a Mato al frente de Sanidad: ¿será Echániz, actual consejero de Sanidad de Castilla-La Mancha (aunque, viendo cómo tratan a los pacientes bajo su gestión, a más de uno se le quitan las ganas)? ¿Repetirá Ana Pastor, médico de profesión y exministra de Sanidad en el Gobierno de Aznar, al frente del Departamento? ¿Hará un movimiento interno del Gobierno para poner al frente a la número 2 de Sanidad?

Hasta el miércoles, tenemos “ministra” de Sanidad: Soraya Sáenz de Santamaría. Solo dos meses después de sustituir a Gallardón durante el breve período entre su dimisión y la toma de posesión del nuevo ministro Catalá (una semana, y por cuestiones de agenda), Soraya lo vuelve a hacer. El rey Felipe VI y Rajoy vuelven a estar fuera del país hasta el miércoles, día en el que conoceremos al nuevo ministro y en que, presumiblemente, tomará posesión. por el momento, Soraya realizará las funciones ordinarias de ministra de Sanidad (es decir, papeleos, gestiones, firmas… no decisiones políticas, sino gestoras)… Aunque las malas lenguas advierten de que, desde la crisis del ébola, la presencia de Mato en el Consejo de Ministros era meramente testimonial: quien realmente estaba al frente de Sanidad era la vicepresidenta.

Soraya es la ministra más popular del Gobierno y, por lo que parece, más limpia y ajena a los escándalos. Ya dijo ella aquello de que “en mi puta vida he cobrado un sobre”. Y se perfila como sustituta de Mariano Rajoy al frente del Partido Popular (o del Ejecutivo, según el cariz que tomen las cosas).

Volviendo a Mato, su gran error fue el de intentar mantener las apariencias. Probablemente se habría ahorrado todo este lío judicial si se hubiera divorciado de su marido a tiempo: al menos así podría explicar el hecho de no ver un Jaguar en el garaje. Y Mariano Rajoy no parece de esos que aceptan los errores. Tarde, pero ha actuado: la ministra no tenía la intención de dimitir a las 15:00 (como puede verse, la primera parte del comunicado era un justificación de por qué no irse), pero tras una visita a Moncloa anunció su retirada (aunque sigue como diputada: tras treinta años, no tiene profesión a la que volver que no sea la política).

Rajoy sabe que su partido y su Ejecutivo se cimentan profundamente sobre corrupción, tarjetas black, sobres y pagos en “b” (de hecho, el PP también es partícipe a título lucrativo en la misma causa). Aunque pueda verse cuestionado (aparece en los papeles de Bárcenas), no hay pruebas concluyentes y determinantes contra él. La única forma de salvarse a sí mismo y al Gobierno era cortar cabezas. Y, por el Gobierno, Mato.

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