Deshojando la rosa

¿Qué es populismo? Dices mientras clavas en mi pupila tu pupila marrón. Parece que es esto lo que se pregunta Pedro Sánchez, al más puro estilo posromántico de Bécquer. Y, para darle más dramatismo, lo hace mientras sujeta con su puño una rosa roja. Una rosa que se seca, poco a poco. Que se marchita, cuyos pétalos se arrugan y caen lentamente. Es una flor que vivió tiempos mejores.

Esta imagen es una alegoría de lo que está pasando en el PSOE. El antaño todopoderoso partido socialdemócrata español está en horas bajas. Algunas encuestas ya relegan al PSOE a un decepcionante segundo o tercer puesto, con unos 80 diputados. Romperían así con el suelo de los 110 diputados conseguidos en la debacle electoral del 2011 con Rubalcaba al frente. Idoia Mendia tampoco revalidaría resultados en el País Vasco, ni mucho menos, con un Podemos pujante que se convertiría en segunda fuerza, a costa también de EH Bildu, según revelaba el Euskobarómetro de diciembre. El hecho de que Podemos carezca todavía de caras visibles en Euskadi, no parece problema alguno para sus posibles votantes.

Mientras, ajeno a luchas internas, Pedro Sánchez ignora que la rosa decae y que las espinas se le clavan en la mano y comienza a brotar la sangre. La foto que acompaña al artículo bien podría resumir lo que opinan propios y extraños de la actuación del secretario general del PSOE al frente de su partido: ¡Qué huevos tienes, Pedro!

Pedro Sánchez y sus “medidas”.

Pedro Sánchez, economista de formación y profesor de profesión, dio la campanada en las primarias que celebró el PSOE en julio. Gracias a la ayuda de la federación andaluza, la más potente del partido, Pedro Sánchez se impuso a Eduardo Madina con casi el 49% de los votos. Detrás, aunque Susana Díaz lo niegue, se había llevado toda una operación para encumbrar al actual líder del PSOE. Sin apenas experiencia política, se consideraba un títere fácilmente manejable y que bailaría al son de lo que dijera la secretaria general de los socialistas andaluces.

Sin embargo, Pedro Sánchez parece haberse salido del tiesto. El “trato” era ponerlo en lo más alto, como cargo orgánico, y ya se vería qué pasaría de cara a las primarias a la presidencia del Gobierno. En apenas cinco meses, Pedro Sánchez ya ha dado por hecho que él será el candidato a la presidencia del Gobierno. Y no lo ha hecho con medidas concretas, propuesta de reformas o de nuevas políticas. Lo ha hecho dando la nota y a la zaga del Podemos.

La situación interna la explica muy bien Esther Palomera. Susana Díaz y Pedro Sánchez, ahora mismo, sólo comparten la z final del apellido. Ya no existe la buena sintonía que había en un principio entre ambos líderes, y la presidenta andaluza ha iniciado algunos contactos con dirigentes como Eduardo Madina (el gran derrotado), Patxi López o Carme Chacón. ¿Allanando el camino o buscando un correctivo para el díscolo líder del PSOE? Todo depende del resultado de las autonómicas y municipales.

Pero es cierto que Pedro Sánchez no ha supuesto el revulsivo para el partido que se esperaba que fuera. Un líder joven, guapo y economista en un tiempo en el que la economía prima sobre la política (que nos lo digan a quienes soportamos los recortes y “ajustes”). Un producto de marketing. Pedro Sánchez es como una hamburguesa del Burger King: maravillosa en el anuncio, pero un chasco en la realidad (pero, piensan algunos, al menos se puede comer… y eso los “salvará” en futuras contiendas electorales).

La política comunicativa habría sido un acierto… De no sobreexponer a un líder neófito ante los medios para quemarlo completamente. No es mala idea llamar a Sálvame, por ejemplo, para llegar a un público al que de otra forma no habría llegado. Tampoco es mala idea acudir a El Hormiguero a difundir sus propuestas (ni que fuera el primero… Cañete ya estuvo allí comiendo yogures). Ni, por supuesto, acudir a que te den tortas a Salvados. Lo que es mala cosa es enmendarse continuamente: decir un día que prohibirías el toro de la Vega en una ley contra el maltrato animal, para desdecirse en una votación en el Congreso. Decir que eliminarías el Ministerio de Defensa (¡ay, si lo pillara Trillo!), para tener que rectificar tras las múltiples críticas. O proponer funerales de Estado para las mujeres víctimas de violencia de género. O llevar como medida estrella aumentar el SMI en un 5% (unos 30 euros).

El mayor error de Pedro Sánchez ha sido enfrentarse a Podemos de una forma muy infantil. “A ver quién suelta la burrada más grande”, podría decirse. Pasó de referirse a ellos como populistas, a seguir sus propuestas. En vez de promover un debate inteligente, con cifras y argumentos, se limitó a calificar de imposibles sus propuestas. Y Podemos le ha comido mucho terreno al PSOE. No nos engañemos: Podemos no es otra cosa que un partido socialdemócrata llamado a fagocitar al PSOE.

Mi reacción al saber que Pedro Sánchez había ganado las primarias del PSOE fue esta. Y no parece que estuviera desencaminado: Pedro Sánchez está consiguiendo todo lo contrario a lo que estaba llamado a hacer. Cuando Mariano Rajoy, despectivamente, dice que el PSOE estaba mejor con Rubalcaba, probablemente tenga razón. Sacando la bola de cristal, el más que probable batacazo electoral en mayo provocará la dimisión (lo quiera o no) de Sánchez. Lo siento, Pedro, pero creo que no te veremos (ni cerca) del Palacio de la Moncloa.

Mientras le crecen los enanos, Pedro Sánchez sigue reflexionando. ¿Qué es populismo? Dices mientras clavas en mi pupila tu pupila marrón. ¿Qué es populismo? ¿Y tú me lo preguntas? Populismo… Eres tú.

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2 comentarios en “Deshojando la rosa

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