El año que vivimos electoralmente

Estamos en campaña. Más que de costumbre, por supuesto. En política, el desgaste y la promoción es un continuum. Afortunadamente, durante aproximadamente tres años, el ambiente es soportable. Hasta que la inmediación de las elecciones crispa más a políticos que a ciudadanos.

Candidatos, eventos, promesas, (pim pam) propuestas y besos a recién nacidos de por medio. Las campañas electorales son agotadoras: tanto para los aspirantes como para los cada vez más hastiados votantes. Y este año resulta bastante preocupante: el uno de enero comenzó una carrera que mucho no podremos soportar. Y no porque tengamos que hacer una “parada técnica”, como ilustran en El País (el tweet es real); sino porque es posible que emigremos antes de llegar a las generales.

Diciembre sorprendió con unas elecciones anticipadas en Grecia a causa de la falta de acuerdo a la hora de elegir al nuevo Presidente de la República. Vivimos el proceso como propio: Syriza partía como gran favorita frente a los conservadores de Nueva Democracia y el primer ministro Samarás. La equiparación con Podemos y Pablo Iglesias parecía clara y la izquierda podía tomar el control del país.

Finalmente, y a un escaño de la mayoría absoluta, Syriza se hizo con el Gobierno griego gracias a un pacto, a priori, contra natura: con otro partido de derechas griego que también está en contra de la austeridad impuesta desde Bruselas. Minipunto para Podemos, que días después celebraba una multitudinaria movilización en la Plaza del Sol solo para decirle a los actuales dirigentes que su tiempo se acaba. Tic tac. (Nivelazo del discurso de nuestros políticos, sin duda).

En tierra patria, Susana Díaz se cansaba de los rojos de Izquierda Unida que no hacían más que incordiarla en su tarea al frente de la Junta de Andalucía: que si banca pública, que si multas a bancos con pisos deshabitados, que si cumplir con el pacto de legislatura… ¿Resultado? Elecciones anticipadas.

Son varios los factores que están detrás de esta decisión: la mejor posición del PSOE andaluz respecto del PSOE a nivel estatal (al menos sigue como primera fuerza, según la encuesta del CIS), la falta de una estructura organizada de Podemos en Andalucía, el batacazo del PP con Moreno Bonilla al frente, la cercanía de las elecciones generales (y, sobre todo, de las primarias del PSOE a la presidencia del Gobierno, con un Pedro Sánchez cada vez más denostado por propios y extraños)… La victoria del PSOE (con un resultado peor que en 2012, sí, pero como primera fuerza y a bastante distancia de la segunda) sería un revulsivo para el partido. ¿Podría significar el cambio de tendencia iniciado con las europeas de 2009? Estamos seguros de una cosa: significaría reforzar la figura de Susana Díaz. Y puede que eso en Ferraz no guste. A cinco días de las elecciones, veremos qué pasa.

Entre medias, Izquierda Unida sigue apuñalándose a sí misma. La federación madrileña, sin coordinador desde la victoria de Tania Sánchez en las primarias de IUCM, se desangra. Corroída por la corrupción, ha resultado la formación más afectada por el escándalo de las tarjetas opacas de Caja Madrid. La pujanza de Podemos en Madrid (en las europeas ya quedaron por delante) y la confluencia fallida que fue la principal apuesta de Tania Sánchez (hoy ya excandidata y fuera por completo de la carrera electoral) han sido determinantes: Izquierda Unida podría convertirse en un partido meramente testimonial en la Asamblea madrileña y en el Ayuntamiento de la capital. Esto no mejora la situación del candidato a la Presidencia del Gobierno, Alberto Garzón, que bastante difícil lo tiene con Podemos tomando la delantera y asumiendo el descontento general del centro-izquierda español.

Siguiendo en la capital, Esperanza Aguirre vuelve. La presidenta del PP madrileño ha sido la gran protagonista de esta precampaña electoral. Casi contra todo pronóstico (aunque aquí ya avanzamos que sería candidata en julio de 2014), Rajoy cedió a favor de la expresidenta regional para tomar el testigo de Ana Botella al frente del Consistorio. Y Esperanza Aguirre, sabedora de que todavía tiene gran poder dentro del partido, comenzó la campaña. ¿Contra la oposición? No, contra su propio partido. Primero, afirmando que nadie le haría la cama ni le obligaría a dejar la presidencia del partido, al menos hasta el siguiente congreso regional. Después, acudiendo a una manifestación en contra del aborto y fotografiándose con lemas críticos con el presidente del Gobierno. Y, mientras tanto, lanzándose puyitas (o cuchillos) con la candidata a la presidencia de la Comunidad, Cristina Cifuentes. Porque Ignacio González ha sido completamente defenestrado a causa de las informaciones publicadas en relación a su ático de Estepona, presuntamente, regalo de un constructor.

Esperanza Aguirre, oportuna como siempre.

Podemos y Ciudadanos no pueden hacer otra cosa que no sea crecer y aprovecharse de los descontentos y machetazos entre (en) las diferentes formaciones políticas. El partido catalán ha dado el gran salto a la palestra española, y las encuestas lo sitúan como cuarta fuerza en unas elecciones generales. Ahora bien, ¿qué hará Albert Rivera? ¿Generalitat o Gobierno central? Parece que no lo sabe ni él. De momento, le están robando votos tanto al PP como a los más moderados posibles votantes de Podemos. Los populares ya han sacado a su artillería pesada: Rafael Hernando denominando “naranjito” al partido (y haciéndole la campaña, en un claro ejemplo de efecto Streisand).

Podemos, de momento, sigue centrado en la campaña andaluza y, aunque los recientes escándalos (Errejón y Monedero, además de la constante campaña venezolana) parecen haber ralentizado su crecimiento, permanece disputándose el primer lugar con el PP. ¿Cómo afectará el crecimiento de Ciudadanos? ¿Y la actuación de IU y PSOE? Estos interrogantes carecen de respuesta. Sí se puede decir que afirmaciones como las que hizo Monedero en un reciente mitin, en las que conminaba a la directora del FMI, Christine Lagarde, a morirse; no ayudan.

Las municipales y autonómicas son la primera gran prueba para el Gobierno de Rajoy (europeas aparte, que por su diseño tienen un carácter diferente), que se enfrenta al final de la legislatura. Algunos analistas afirman que Rajoy podría dar un paso atrás en sus intenciones de presentarse a la reelección dependiendo del resultado de estos comicios. Muchos apuestan por la figura de Feijoo (en Galicia no tocan todavía elecciones autonómicas) al frente de una candidatura nacional, aunque la cada vez más poderosa vicepresidenta parece una adversaria a tener en cuenta. Joven, preparada, con un perfil tanto técnico como político, podría enfrentarse tanto a Pablo Iglesias, Alberto Garzón o Pedro Sánchez (¿?). Soraya Sáenz de Santamaría podría dar el campanazo de cara a las futuras generales (y quizá ser la única opción del Partido Popular de mantenerse en primer lugar en el mapa político).

Porque las elecciones municipales y autonómicas no son sino un primer paso hacia el final del año: las generales. En septiembre también se celebrará la votación a un nuevo Parlament catalán, pero ello merece un post aparte.

En 2011, el 20 de noviembre fue la fecha elegida para las legislativas. Zapatero hizo una jugada “maestra”: con esta fecha se evitaba tramitar unos PGE que incluirían nuevos recortes y supondrían un mayor desgaste para su partido y el candidato Rubalcaba.

Mariano Rajoy podría hacer todo lo contrario: tiene de margen para convocar las elecciones hasta principios de 2016, lo que supone que su Gobierno sería el encargado de redactar los Presupuestos Generales del Estado de 2016, aprovechándose de su actual mayoría absoluta y que, de otra forma, no podría hacer.

Candidatos, eventos, propuestas, promesas, etarras, venezolanos, fascistas, rojos, burgueses, casta, naranjitos… y toda la pesca hasta, en el peor de los casos, enero de 2016. Corredores de fondo: prepárense. Damos el pistoletazo de salida. Solo eviten dárselo en la sien.

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