Los pactos a la Moncloa

El 20D ha dejado el Parlamento más dividido desde la Transición: cuatro grandes partidos nacionales, sumando también a las formaciones nacionalistas que han conseguido una representación importante en el Parlamento (véanse PNV o Democràcia i Llibertat, por ejemplo).

123 escaños para los populares y 90 para el PSOE. El bipartidismo, con sus peores resultados históricos por separado, en conjunto apenas representa un 50% de los votos. Tocado, pero no hundido. Podemos consiguió 69 actas, mientras que Ciudadanos no llegaba ni de lejos a las expectativas cumplidas: 40 (el suelo electoral que se habían puesto los naranjas era de 43). Todo esto sin tener en cuenta el factor Ley Electoral

¿Cómo se forma Gobierno con estas cifras? ¿De qué tipo de pactos estamos hablando para asegurar un Gobierno -no ya estable- del país? El PP no tiene demasiados amigos en el Parlamento. Si sumamos los escaños de C’s a los conseguidos por PP, obtenemos 163 actas; si hacemos lo propio con PSOE, Podemos y UP-IU, 161. Los bloques se encuentran más o menos estables, pero el problema de fondo permanece: hace falta llegar a los 176 votos afirmativos para asegurarse la investidura.

Fuente: El País

Fuente: El País

Mariano Rajoy no concita demasiadas simpatías a su alrededor. En el supuesto de que consiguiera el apoyo de Ciudadanos, lo perdería si decidiera asegurar su gobierno pactando con los grupos nacionalistas. Es decir, la única salida es que Podemos o PSOE apuntalen al PP en el Gobierno. Algo que PSOE ya se ha apresurado a rechazar; y se supone lo propio de la formación de los círculos. Pedro Sánchez, por su parte, es quien más tiene que ganar: pese a encontrarse a 33 escaños de la primera fuerza, el candidato socialista podría asegurarse los apoyos de diversos partidos. En un escenario “ideal” para Ferraz, Podemos y UP harían piña para asegurar un Ejecutivo liderado por Sánchez junto a varios grupos nacionalistas: ERC, DiL, PNV, Bildu… Etc.

Al menos nos encontramos en una situación más manejable que la que dibujaban las encuestas a pie de urna publicadas por RTVE o Antena 3, entre otros. Estas situaban a Podemos como segunda fuerza en votos (21’7%) frente a la segunda fuerza en escaños, que era el PSOE. 

Es este escenario tan abierto el que, a pesar de la histórica debacle de los socialistas (90 diputados, cuando su suelo electoral eran los 110 diputados conseguidos en 2011 por Rubalcaba), la derrota sabe dulce en la sede del PSOE. Mejor ha sabido el resultado en Andalucía: Susana Díaz es ahora la líder del PSOE. Aproximadamente uno de cada cuatro diputados socialistas son andaluces. El cuello de Pedro Sánchez podría estar en peligro.

La situación interna del PSOE ahora mismo es clave. La lista de Madrid, liderada por Pedro Sánchez y una apuesta personal suya, ha pinchado: solo seis diputados y cuarta fuerza por detrás de PP, Podemos y PSOE.  Mientras que entran al Congreso fichajes como Zaida Cantera o Irene Lozano (mal que les pese a algunos), Eduardo Madina o Ángeles Álvarez (histórica activista feminista) quedan fuera. Quien llamaba corruptos a los socialistas ha dejado fuera a quien optó a serlo todo en el PSOE federal.

El PP de momento mantiene que ha ganado las elecciones. Si  bien se trata de la fuerza más votada en España, es bastante improbable que consigan formar gobierno. Por lo pronto, mostrarán unidad: bien hasta que sea claramente imposible un pacto de investidura, bien hasta que se repitan las elecciones. Ya nadie habla de Operación Menina (una suerte de acuerdo para sacrificar a Rajoy y colocar en La Moncloa a Soraya Sáenz de Santamaría).

Ahora bien, ¿realmente ha sido la aportación de los partidos emergentes tan importante como aparenta? Al menos 109 escaños pertenecen a estas nuevas formaciones, pero si echamos un vistazo a la participación quizá el mito se desvanece. Podemos y Ciudadanos no han conseguido movilizar mucho más a las masas en 2015 con respecto a 2011. Mientras que el dato de participación definitivo de 2011 fue del 68’94%, la participación en estas últimas ha sido del 73’20%. Solo cuatro puntos más, cuando la participación que preveían las encuestas se situaba en torno al 80%. ¿Qué lectura se puede hacer de estos datos? Que hay una “abstención estructural”, en primer lugar, de unos ciudadanos desencantados con el sistema; y que Podemos y Ciudadanos no han conseguido ilusionar a todos los abstencionistas: quizá solo a los antiguos votantes de los grandes partidos que han decidido no votarlos.

Ahora mismo en el horizonte tenemos una situación complicada. Si bien es un escenario perfecto para el diálogo, nuestros partidos no están acostumbrados a dialogar. Hay tres meses de plazo para que no tenga que repetirse nuevamente las elecciones generales. Hay margen para los acuerdos, pero quizá no disposición a acordar. Muchos líderes territoriales afirman que el PSOE ha de liderar la oposición y permitir (que no apoyar) que el PP de Mariano Rajoy gobierne. Este ha sido el año que vivimos electoralmente, pero no olviden las urnas: puede que salgan pronto.

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