¿Encuestas? No, gracias

Publicado originalmente en El Correo el 22/06/2016

Sonrisas irónicas. Si están en grupo, también intercambian miradas cómplices cuando se les pregunta acerca del tema. Los británicos se toman las encuestas como una especie de chiste interno, algo que solo ellos pueden entender. No es para menos: los estudios de opinión llevados a cabo de cara al referéndum de independencia de Escocia de 2014 y los realizados previamente a las elecciones generales de 2015 fallaron estrepitosamente.

Las encuestas se han convertido en un aspecto fundamental de las democracias alrededor del mundo. Conocer la opinión de la gente resulta clave para partidos políticos, administraciones públicas y medios de comunicación. Por eso es frecuente que, en períodos inmediatamente anteriores a las elecciones, se produzcan verdaderas avalanchas de sondeos intentando adivinar el escenarios que surgirá de la cita con las urnas. Reino Unido no se queda al margen, después de tres años de citas decisivas con las urnas. 2016 marcará su permanencia o no dentro de la Europa de los 28.

El sondeo más fiable, tanto por el tamaño de la muestra como por el instituto que lo lleva a cabo, el Centro Nacional de Investigación Social, indica que el campo de la permanencia ganará con una diferencia de seis puntos (53% frente a 47%), aunque todo queda en el aire. El resto de encuestas muestran una situación bastante igualada, con un 6% de indecisos que inclinarán la balanza a un lado u otro, según la aplicación del ‘Financial Times’ que realiza el seguimiento de las estudios de opinión al respecto. Durante el último mes, los sondeos mostraban al campo del ‘Leave’ (abandonar) a la cabeza, a veces con una ventaja de diez puntos sobre el bloque de ‘Remain’ (permanecer). Sin embargo, la primera encuesta de Survation para el ‘Mail on Sunday’ después del asesinato de la diputada laborista Jo Cox mientras hacía campaña por el ‘in’, cambió la tendencia hacia una victoria de los partidarios de permanecer en la UE con un 45% a favor frente al 42% en contra. El 13% restante, indecisos y ciudadanos que anunciaron que no votarán el 23-J.

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Monjas votando durante el referéndum de permanencia

Con todo, la desconfianza que los ciudadanos han desarrollado hacia los sondeos preelectorales es comprensible. En 2014, de cara al referéndum sobre la independencia de Escocia del 18 de septiembre, fueron varias las encuestas que indicaron un escenario más polarizado del que realmente salió de las urnas. A diez días de la votación, YouGov dio una ventaja de dos puntos al bloque independentista, lo que desató la alarma entre los unionistas. El resultado final fue de 55’3% en contra de la independencia, frente al 44’7% a favor.

Parecido fue lo que ocurrió con las generales de 2015. Si en algo coincidían las encuestas, era el hecho de que las urnas no arrojarían una mayoría absoluta clara y que los partidos tendrían que pactar para formar Gobierno. De hecho, situaban al Partido Conservador y al Partido Laborista en situación de empate técnico, algunas de ellas dando a Milliband, candidato laborista, como ganador y candidato con más probabilidades de formar gobierno. Finalmente, los ‘tories’ liderados por Cameron obtuvieron 330 escaños -una mayoría absoluta de 17 asientos-, frente a las 232 actas obtenidas por los laboristas. Cameron formó Gobierno en solitario y Milliband dimitió tras conocer los resultados.

Si lo sucedido en 2014 ya produjo cierta preocupación en la opinión pública (sobre todo porque supuso el establecimiento de la Comisión Smith, que estudió la devolución de más competencias de Westminster a Escocia), el error de 2015 produjo un clamor general en contra de las empresas de sondeos. Esta protesta ciudadana se tradujo también en una respuesta política: Lord Foulkes de Cumnock, representante laborista en la Cámara de los Lores, presentó un proyecto de ley para regular las encuestas electorales. En resumidas cuentas, el objetivo era el establecimiento de un órgano que vigilara el correcto funcionamiento de las mismas, la aprobación de métodos correctos de muestreo, incluso en referencia a la formulación de las preguntas. Su tramitación legislativa, sin embargo, se encuentra paralizada y no tendrá demasiado recorrido debido a la oposición conservadora, cuyo apoyo es necesario para su aprobación.

Por supuesto, el Consejo Británico de Encuestas (BPC, por sus siglas en inglés), la organización que aglutina y defiende a los encuestadores, estableció una investigación para averiguar las causas de lo sucedido en 2015. El error no se trataba de un caso aislado: aparecía en todas las encuestas, por lo que quedó claro que se trataba de un problema de fondo más que de forma. El informe, publicado este año, determinó que la principal razón de la inexactitud de los sondeos fueron errores en la representatividad de las muestras. No solo eso, sino que se tendió a sobrestimar el voto laborista frente al voto conservador, afectado también por la “timidez” del votante ‘tory’.

En medio de toda esta incertidumbre, muchos medios y analistas se fijan en el mercado de las apuestas sobre el ‘Brexit’. El argumento es que una predicción con esperanzas de conseguir una recompensa es un buen indicador de cómo irá la situación. En estos días se encuentran al alza, situándose en torno al 75% de probabilidades de que Reino Unido se quede en el club europeo. Ante esta situación cabe preguntarse, ¿acertarán las encuestas que preconizan el ‘Brexit’? No sabe, no contesta.

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