El misántropo

A veces fantaseo con que un medio de referencia me ofrece una columna de opinión. Una colaboración, da igual si es escrita o hablada, en la que poder expresarme y en la que se valore mi buen hacer. En estas ensoñaciones megalómanas, mi columna ya tiene un nombre y una temática bien definidos; una denominación que me representa: El misántropo.

El periodismo como profesión, la aversión a la humanidad como hobby. Un Javier Marías criado en las redes sociales con tweets afilados como arma de combate. Lo que los millenials llaman hater. El gilipollas criticón de toda la vida. Así es como visualizo mi futuro: con una firma desde la que increpar a la sociedad, como los abuelos en las obras o los expresidentes del Gobierno.

La solución a todos tus problemas.

El genial Molière ya escribió hace cuatro siglos El misántropo, una obra de teatro en la que un hombre desengañado muestra el malestar que le provoca la sociedad. Desde las páginas (web) de la prensa escrita, los micrófonos de una emisora o cualquier tribuna que ofrezca una televisión, mi propósito sería el mismo: lanzar soflamas hacia todo lo que me molesta de los humanos. A bote pronto, podría hacer una breve lista de los temas hacia los que, semanalmente, dirigiría mi odio:

  • Los usuarios del transporte público.
  • La inutilidad.
  • Las personas que se quedan paradas en la parte izquierda de las escaleras mecánicas.
  • Los niños.
  • Los padres que desatienden a sus vástagos.
  • La homofobia.
  • La ineficiencia.
  • La corrupción.
  • Los vecinos.
  • El amor.
  • Las parejas pastelosas.
  • Esos conocidos que te sueltan un “ya hablaremos”, siendo perfectamente conscientes de que no lo harán.
  • El machismo.
  • Los pseudopoetas de instagram.
  • Los youtubers.
  • Bertín Osborne.
  • El reggaeton.
  • Los selfies acompañados de frases sesudas sacadas de Google o de Mr. Wonderful (estoy seguro de que tu falsa sonrisa ante el objetivo de tu teléfono móvil acompañada de esa oración motivadora va a mejorar muchísimo mi vida).
  • Los lunes.
  • Los camareros de Starbucks.

Y un largo etcétera. Dedicándole una tarde, podría organizar varias décadas de columnas de opinión. Decenios de amargura comprimidos en cápsulas de ingesta semanal que (estoy seguro) tendrían un gran éxito. A fin de cuentas, ¿qué son las redes sociales sino plazas públicas donde quejarse, que para algo es gratis?

Pero todo esto, claro, siempre jugando en el terreno de los futuribles y de la ciencia ficción. Nada ni nadie aseguran que eso vaya a ocurrir, sino que todo está en mi mente. Algo parecido al protagonista de otra comedia de Molière, El enfermo imaginario. En ella narra las andanzas de un hipocondríaco cuyas enfermedades provenían de su propia sugestión y no de su mala salud.

Casualidades de la vida, el dramaturgo, que también era actor, murió después de sufrir un ataque mientras representaba la obra recién estrenada. Vestía de amarillo cuando eso sucedió, lo que contribuyó a la mala fama de este color y su relación con la mala suerte. Casualidades de la vida, también, el amarillo es mi color favorito… Y eso podría explicar muchas cosas.

Sin embargo, hoy hace un año que comencé en esto del periodismo. Hace un año entraba por primera vez en la redacción de un periódico, dispuesto a trabajar y aprender. Un año después, puedo decir que ya son doce meses los que llevo dedicándome a ello, aunque en dos cabeceras diferentes. Por eso, ¿por qué no podría ser perfectamente factible que un medio confiara en mí para tal tarea en un futuro? A fin de cuentas, ¿quién me iba a decir a mí que, cuando todo parecía dispuesto para que terminara en El Mundo Today, acabaría escribiendo en El Mundo -a secas-? Eso no es todo: a partir del 1 de julio me podréis escuchar en La SER. Quizá El misántropo esté más cerca lo que parece… o puede que me quede en El enfermo imaginario vestido de amarillo.

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Un comentario en “El misántropo

  1. Andres dijo:

    Yo te apoyaria en temas como “los lunes” “el reggaeton” “los vecinos” “padres que no cuidan a sus vastagos” y por amplia experiencia “la corrupcion”

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