El otro día pasé miedo

El otro día pasé miedo. Cinco palabras que parecen una obviedad, una afirmación de un peligro constante. El otro día pasé miedo. Y sucedió en el espacio público, en un viaje en tren de vuelta a casa.

Para un varón blanco, joven y de metro ochenta de altura el espacio público es como una prolongación del hogar, del espacio vital y del libre albedrío. Que el pulso se te acelere, el corazón te golpee en el pecho como si fuera un percutor y el sudor te recorra la espalda -y no por los cuarenta grados del verano madrileño- es algo que un hombre caucásico no siente. Los beneficios del heteropatriarcado, supongo.

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El Partido Burbuja

Casi nueve meses después de la dimisión de Pedro Sánchez, la gestación de un nuevo secretario general llega a su fin. Pero el parto va a ser complicado y va a dejar a la formación dividida en dos. Ya se vio el pasado lunes durante el bronco debate entre candidatos en el que Pedro y Susana se arrojaron mutuos reproches y Patxi López intentaba que se le escuchara. En el PSOE, se lanzan rosas sin espinas… pero con cuchillos.

Leía hace unos días El filtro burbuja, un libro de 2011 en el que el autor advertía de los peligros de los algoritmos de las grandes empresas de internet (Google, Facebook, Amazon…). Al mostrarnos solo contenidos afines a nuestros gustos y pensamientos, generan el «sesgo de confirmación». Es decir, sólo consumimos contenido que sustenta lo que ya pensamos.

Terminé la lectura con una sensación de déjà vu: llevaba tiempo dándole vueltas a una idea similar mientras seguía las primarias del PSOE. Veía a los socialistas como si se tratara de aquella película, El chico de la burbuja de plástico, donde un niño vivía aislado dentro de una burbuja para no morir por los gérmenes del exterior.

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Los tres candidatos a la Secretaría General del PSOE, antes del debate. EFE.

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Mas preoCUPado

Saltaba la noticia sobre las cuatro de la tarde: la CUP, tres meses después de las elecciones que marcaron un antes y un después en Cataluña, ha rechazado apoyar a Artur Mas como nuevo president de la Generalitat. Su decisión supone la celebración de nuevas elecciones en primavera, como pronto el 6 de marzo. Si el pasado fue el año que vivimos electoralmente, estamos cerca de que este sea parecido.

Los comicios gallegos y vascos ya estaban apuntados en el calendario, y ahora, salvo movimientos de última hora in extremis, también las catalanas. Y todo esto sucede en plena resaca electoral de las generales del 20D que han provocado el escenario más fragmentado e incierto de la historia democrática.

Artur Mas, ¿candidato?

Artur Mas, ¿candidato?

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Los pactos a la Moncloa

El 20D ha dejado el Parlamento más dividido desde la Transición: cuatro grandes partidos nacionales, sumando también a las formaciones nacionalistas que han conseguido una representación importante en el Parlamento (véanse PNV o Democràcia i Llibertat, por ejemplo).

123 escaños para los populares y 90 para el PSOE. El bipartidismo, con sus peores resultados históricos por separado, en conjunto apenas representa un 50% de los votos. Tocado, pero no hundido. Podemos consiguió 69 actas, mientras que Ciudadanos no llegaba ni de lejos a las expectativas cumplidas: 40 (el suelo electoral que se habían puesto los naranjas era de 43). Todo esto sin tener en cuenta el factor Ley Electoral

¿Cómo se forma Gobierno con estas cifras? ¿De qué tipo de pactos estamos hablando para asegurar un Gobierno -no ya estable- del país? El PP no tiene demasiados amigos en el Parlamento. Si sumamos los escaños de C’s a los conseguidos por PP, obtenemos 163 actas; si hacemos lo propio con PSOE, Podemos y UP-IU, 161. Los bloques se encuentran más o menos estables, pero el problema de fondo permanece: hace falta llegar a los 176 votos afirmativos para asegurarse la investidura.

Fuente: El País

Fuente: El País

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Mariano Rajoy, o el inmovilismo de la vieja política

«A veces la mejor decisión es no tomar ninguna decisión, y eso también es una decisión». «Hay muchas maneras de moverse y nadie ha dicho que estar quieto no sea una de ellas». Por sus palabras lo conoceréis, y hay pocas frases que resuman de forma tan precisa la filosofía de Mariano Rajoy ante la política y ante la vida.

Nada es capaz de modificar esta forma de ver y vivir el mundo. Ni siquiera, la más certera bofetada (más bien puñetazo) de realidad: un joven que en plena campaña electoral se acerca para sacarse una selfie durante el paseo de los candidatos populares por Pontevedra e, ironías del destino, le asesta un gancho de izquierda en plena cara al presidente. Las gafas del aspirante a revalidar la presidencia del Gobierno vieron el suelo, dejando a su dueño (con 5 y 3’5 dioptrías) incapaz de discernir lo que acababa de ocurrir. ¿Cómo es posible que un país en grado 4 (de 5) de alerta terrorista permita que un joven lance un puñetazo al líder del Ejecutivo? A fin de cuentas, si le quitamos el místico efecto del poder y de la institución que preside, es un hombre de sesenta años.

Mariano Rajoy tras la agresión. Fuente: La Razón.

Mariano Rajoy tras la agresión. Fuente: La Razón.

Mariano Rajoy Brey (Santiago de Compostela, 1965) es el candidato más veterano de cuantos tienen opciones de habitar el Palacio de la Moncloa tras las elecciones generales del 20 de diciembre. Sabe que lo tiene difícil; no tanto por el desgaste que su Gobierno ha sufrido en los últimos cuatro años, como por la aparición de nuevos actores con posibilidades de gobernar frente al tradicional bipartidismo. Pero la principal rémora de Rajoy es él mismo.

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Imaginen

Imaginen a un padre o a un hijo. Imaginen a una tía o a una sobrina. Imaginen a un abuelo y su nieta. Imaginen ahora una guerra fratricida en la que familias enteras quedaron divididas. Imaginen no volver a saber nada de aquellos familiares que tanto apreciaban: padres, hijos, nietos. Imaginen, incluso, saber dónde se encuentran pero no poder llevarlos consigo.

Imaginen ahora un país donde se dice que no hubo vencedores ni vencidos, pero donde sí los hubo. Figúrense ahora la situación en la que muchos de ellos tienen a sus familiares enterrados en un gran memorial a las víctimas de la guerra. Un monumento que buscaba «cicatrizar heridas» dejadas por la guerra.

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Pablo Iglesias juega la carta del cambio para la remontada

Eran las 17:30 del 2 de noviembre y la lluvia caía sobre Getafe. Eso no impidió que más de 120 personas se encontraran a la espera fuera del Auditorio Federico García Lorca en Getafe. Allí, hora y media más tarde, el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, iba a protagonizar el primer gran acto de la precampaña: la presentación de los «Carteros y Carteras del Cambio».

Esta iniciativa del partido de los círculos busca movilizar a sus simpatizantes y votantes. Que sean ellos quienes difundan sus razones para votar Podemos, «votar cambio» como defienden desde el partido, entre sus familiares y seres queridos.

Fuente: Cuatro

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Victoria pírrica

Pirro, rey de Epiro, mantuvo durante toda su vida una larga guerra contra los romanos. Ganó varias batallas importantes, aunque también fue derrotado en varias ocasiones. La batalla de Heraclea, en el 280 a.C., supuso para Pirro una gran victoria sobre los romanos… Aunque con pérdidas para sus fuerzas de casi cuatro mil hombres y algunos de sus colaboradores más cercanos entre ellos.

Esto es lo que se denomina como victoria pírrica. Cuando, pese a haber conseguido la victoria, no se puede considerar como tal tras dejar en el camino elementos tan importantes. Esto es lo que ha ocurrido en Cataluña.

Artur Mas, líder de Junts pel Sí, ha ganado las elecciones autonómicas al Parlament. La candidatura unitaria (CDC, ERC y algunos movimientos sociales independentistas como Ómnium o la Asociación Nacional Catalana) consiguió 62 escaños frente a los 25 de la segunda fuerza, Ciutadans. ¿Pero es realmente una victoria?

Fuente: Europa Press

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El verano del amor

En fechas recientes se publicaba una encuesta bastante interesante. En ella, el 30% de la muestra afirma que estaría dispuesto a abandonar a su pareja por un romance de verano. Y también constata que los castellano-manchegos y los andaluces son los más infieles. Ya se sabe aquello de que para hacer bien el amor, hay que ir al sur.

Pero ese no es el tema que vengo a tratar, ni mucho menos. Aunque tiene que ver con el amor y el verano. Porque por amor se pueden hacer las mayores locuras, incluso entre los políticos. No se explica si no el hecho de que Mariano Rajoy nombrara a José Ignacio Wert nuevo embajador ante la OCDE, casi con nocturnidad y alevosía, aprovechándose del último Consejo de Ministros del curso político (en el que la Presentación de los Presupuestos copó gran parte de los titulares).

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Papel de fumar

Hay una expresión que, si bien es muy coloquial, es también una de las más famosas en el imaginario español: «Cogérsela con papel de fumar».  No parece necesaria demasiada explicación, pero podríamos resumirlo con el adjetivo «remilgado».

Es lo que pasa en muchos casos con el humor negro. Sí, ese humor repulsivo, que se regodea en desgracias o en aspectos que, en circunstancias normales, no tendrían gracia alguna. Es ese humor políticamente incorrecto y moralmente repulsivo que, sin embargo, a muchos nos encanta. A mí el primero.

Guillermo Zapata, concejal del Ayuntamiento de Madrid, ha sido uno de los afectados por unos tweets estúpidos y moralmente reprobables hace cuatro años. La fecha es relevante porque es necesario conocer el contexto (se ha escrito bastante sobre ello) y que se hizo desde un púlpito privado, no desde un cargo institucional: en aquellos días, Zapata no se habría planteado en ningún caso convertirse en un cargo público (y menos con responsabilidades de Gobierno como las que ha conseguido Ahora Madrid).

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