El otro día pasé miedo

El otro día pasé miedo. Cinco palabras que parecen una obviedad, una afirmación de un peligro constante. El otro día pasé miedo. Y sucedió en el espacio público, en un viaje en tren de vuelta a casa.

Para un varón blanco, joven y de metro ochenta de altura el espacio público es como una prolongación del hogar, del espacio vital y del libre albedrío. Que el pulso se te acelere, el corazón te golpee en el pecho como si fuera un percutor y el sudor te recorra la espalda -y no por los cuarenta grados del verano madrileño- es algo que un hombre caucásico no siente. Los beneficios del heteropatriarcado, supongo.

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La culpa de unos pantalones cortos

El otro día me ortigué por primera vez en muchos años. Rodeado de niños y sin mirar demasiado a mi alrededor, me acerqué a un pequeño murete de ladrillo que, sin ninguna duda, cuenta con un par de décadas más que yo. Un ligero roce, casi una caricia, fue lo que sentí a la altura de la pantorrilla. Entonces se activaron todas las alarmas que habían permanecido calladas desde que era un crío.

Miré al suelo y, en efecto, una solitaria ortiga que había brotado entre el cemento y el ladrillo jugueteaba, sinuosa, con mi pierna. Solté un exabrupto (apto para menores de 18. ¿Es que nadie piensa en los niños?) y me invadió de nuevo un pánico cuasi primigenio. PÁNICO, en mayúsculas, que me llevó a pensar en litros y litros de vinagre para tratar la erupción y en la fuerza de voluntad necesaria para no echarme a llorar allí mismo. Me recompuse pensando en los prepúberes que me rodeaban (¿Es que nadie piensa en los niños?) y fingí que no había pasado nada.

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El misántropo

A veces fantaseo con que un medio de referencia me ofrece una columna de opinión. Una colaboración, da igual si es escrita o hablada, en la que poder expresarme y en la que se valore mi buen hacer. En estas ensoñaciones megalómanas, mi columna ya tiene un nombre y una temática bien definidos; una denominación que me representa: El misántropo.

El periodismo como profesión, la aversión a la humanidad como hobby. Un Javier Marías criado en las redes sociales con tweets afilados como arma de combate. Lo que los millenials llaman hater. El gilipollas criticón de toda la vida. Así es como visualizo mi futuro: con una firma desde la que increpar a la sociedad, como los abuelos en las obras o los expresidentes del Gobierno.

La solución a todos tus problemas.

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El Partido Burbuja

Casi nueve meses después de la dimisión de Pedro Sánchez, la gestación de un nuevo secretario general llega a su fin. Pero el parto va a ser complicado y va a dejar a la formación dividida en dos. Ya se vio el pasado lunes durante el bronco debate entre candidatos en el que Pedro y Susana se arrojaron mutuos reproches y Patxi López intentaba que se le escuchara. En el PSOE, se lanzan rosas sin espinas… pero con cuchillos.

Leía hace unos días El filtro burbuja, un libro de 2011 en el que el autor advertía de los peligros de los algoritmos de las grandes empresas de internet (Google, Facebook, Amazon…). Al mostrarnos solo contenidos afines a nuestros gustos y pensamientos, generan el “sesgo de confirmación”. Es decir, sólo consumimos contenido que sustenta lo que ya pensamos.

Terminé la lectura con una sensación de déjà vu: llevaba tiempo dándole vueltas a una idea similar mientras seguía las primarias del PSOE. Veía a los socialistas como si se tratara de aquella película, El chico de la burbuja de plástico, donde un niño vivía aislado dentro de una burbuja para no morir por los gérmenes del exterior.

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Los tres candidatos a la Secretaría General del PSOE, antes del debate. EFE.

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Imaginen

Imaginen a un padre o a un hijo. Imaginen a una tía o a una sobrina. Imaginen a un abuelo y su nieta. Imaginen ahora una guerra fratricida en la que familias enteras quedaron divididas. Imaginen no volver a saber nada de aquellos familiares que tanto apreciaban: padres, hijos, nietos. Imaginen, incluso, saber dónde se encuentran pero no poder llevarlos consigo.

Imaginen ahora un país donde se dice que no hubo vencedores ni vencidos, pero donde sí los hubo. Figúrense ahora la situación en la que muchos de ellos tienen a sus familiares enterrados en un gran memorial a las víctimas de la guerra. Un monumento que buscaba “cicatrizar heridas” dejadas por la guerra.

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Victoria pírrica

Pirro, rey de Epiro, mantuvo durante toda su vida una larga guerra contra los romanos. Ganó varias batallas importantes, aunque también fue derrotado en varias ocasiones. La batalla de Heraclea, en el 280 a.C., supuso para Pirro una gran victoria sobre los romanos… Aunque con pérdidas para sus fuerzas de casi cuatro mil hombres y algunos de sus colaboradores más cercanos entre ellos.

Esto es lo que se denomina como victoria pírrica. Cuando, pese a haber conseguido la victoria, no se puede considerar como tal tras dejar en el camino elementos tan importantes. Esto es lo que ha ocurrido en Cataluña.

Artur Mas, líder de Junts pel Sí, ha ganado las elecciones autonómicas al Parlament. La candidatura unitaria (CDC, ERC y algunos movimientos sociales independentistas como Ómnium o la Asociación Nacional Catalana) consiguió 62 escaños frente a los 25 de la segunda fuerza, Ciutadans. ¿Pero es realmente una victoria?

Fuente: Europa Press

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El verano del amor

En fechas recientes se publicaba una encuesta bastante interesante. En ella, el 30% de la muestra afirma que estaría dispuesto a abandonar a su pareja por un romance de verano. Y también constata que los castellano-manchegos y los andaluces son los más infieles. Ya se sabe aquello de que para hacer bien el amor, hay que ir al sur.

Pero ese no es el tema que vengo a tratar, ni mucho menos. Aunque tiene que ver con el amor y el verano. Porque por amor se pueden hacer las mayores locuras, incluso entre los políticos. No se explica si no el hecho de que Mariano Rajoy nombrara a José Ignacio Wert nuevo embajador ante la OCDE, casi con nocturnidad y alevosía, aprovechándose del último Consejo de Ministros del curso político (en el que la Presentación de los Presupuestos copó gran parte de los titulares).

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PPistoletazo de salida

Quizá la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría preconizó, sin darse cuenta de ello, que estas elecciones municipales y autonómicas (en 13 comunidades) serían el pistoletazo de salida del cambio. Y no para beneficiar a su partido, precisamente.

El PP sale herido, pero no de muerte. Ni mucho menos. Ha perdido todas las mayorías absolutas que se jugaba en estas elecciones. Permanece como primera fuerza en comunidades como Castilla y León, Comunidad de Madrid, Aragón, Castilla-La Mancha, Región de Murcia, Comunidad Valenciana (lo que resulta especialmente sangrante, por una parte) o las Islas Baleares. Pero estas victorias son, como se suele decir, pírricas. Sí, son la primera fuerza comunitaria… Pero es difícil que consigan una mayoría estable que les deje crear liderar el Ejecutivo.

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Perversidad

“Tan seguro estoy de que mi alma existe como de que la perversidad es uno de los impulsos primordiales del corazón humano, una de las facultades primarias indivisibles, uno de esos sentimientos que dirigen el carácter del hombre. ¿Quién no se ha sorprendido a sí mismo cien veces en momentos en que cometía una acción tonta o malvada por la simple razón de que no debía cometerla? ¿No hay en nosotros una tendencia permanente, que enfrenta descaradamente al buen sentido, una tendencia a transgredir lo que constituye la Ley por el solo hecho de serlo?”. – El gato negro, Edgar Allan Poe.

Pocas citas de libros me han hecho reflexionar tanto como esta en concreto de Poe. Cualquiera que me conozca sabrá de mi afición por la literatura y lo mucho que significan los libros para mí. De hecho, dirijo una página sobre este tema. Es algo que va más allá del mero entretenimiento y de la afición. No es pasar el rato, simplemente: es cultivar el espíritu y la razón. Por ello, cuando encuentras un texto capaz de revolverte por dentro y despertar tus pensamientos hasta el punto de dejar el libro y sentarte a reflexionar sobre lo que acabas de leer, no deja de ser apasionante. Y más cuando tus propias reflexiones te obligan a ser escritas y compartidas. Es mi caso.

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