ETA es ETA

No soy muy dado a las obviedades, pero alguien tiene que decirlo: ETA es ETA. Creo que conviene recordárselo a más de uno de los contertulios que pueblan los espacios de debate televisivo, generalmente pertenecientes a la caverna mediática. No sólo a estos opinadores profesionales, sino a políticos de la talla de Esperanza Aguirre.

Efectivamente, me refiero a las múltiples descalificaciones que, desde hace mes y medio, venimos viendo en los medios contra el líder de Podemos. A principios de mes, Esperanza Aguirre llegó a afirmar que Pablo Iglesias “está con ETA”, al salir a la luz un vídeo de apoyo del profesor a la ilegalizada asociación de familiares de presos de ETA, Herrira. Dichas palabras han sido objeto de una demanda de conciliación, paso previo a una querella, por parte de Podemos. El periodista y adjunto al director de El Mundo, Eduardo Inda, también ha sido demandado por sus continuos enfrentamientos con Iglesias. En ellos, insinuó en varias ocasiones su connivencia con ETA e incluso la financiación ilegal de su partido político.

Pablo Iglesias, eurodiputado y líder de Podemos.

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Espe se va a los Toros

17 días. Eso es lo que ha tardado la lideresa del Partido Popular madrileño en volver a saltar a la palestra mediática. Esta vez no ha atropellado ninguna moto de una figura de la autoridad, directamente ha “atropellado” a miles de españoles.

Esperanza Aguirre afirmó durante su pregón que daba inicio a la feria taurina de Sevilla que el 2014 está siendo su año “más temerario”, y que se daba miedo a sí misma. Y no es para menos. Siguiendo esta afirmación, Aguirre soltó algo que ha causado polémica: los antitaurinos lo son porque son “antiespañoles”, ya que “los toros simbolizan mejor que nada la esencia misma de nuestro ser español”. Y lo dice alguien que afirma que el amor a los Toros (con mayúscula) se lo transmitieron después del amor al cristianismo y a la Patria.

Ahora Espe se va a los Toros (Álvaro Celorio y @Haaltg)

Ahora Espe se va a los Toros (Álvaro Celorio y @Haaltg)

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Crónica de una muerte anunciada

Gabriel García Márquez, máximo exponente de la corriente literaria llamada realismo mágico, publicó en 1981 una novela llamada Crónica de una muerte anunciada. La novela, inspirada en un hecho real, narraba cómo se comete el asesinato de un hombre: Santiago Nasar. Pese a que todo el pueblo conoce las intenciones de sus asesinos, nadie intenta evitarlo o avisar al afectado, por lo que finalmente muere.

Este es un libro cuyo final conocemos desde el principio, en el que no es el final lo importante, sino el desarrollo de la novela misma. El final no tiene relevancia porque, básicamente, Santiago Nasar muere varias veces en el mismo libro; es decir, se narra varias veces desde distintos puntos de vista la muerte del protagonista.

Algo así es lo que está pasando a la prensa estos días desde que el 21 de marzo, Adolfo Suárez Illana anunciara que a su padre, el expresidente Suárez, le quedaban aproximadamente 48 horas de vida. La prensa, como si de carroñeros se tratase, ya ha matado en varias ocasiones al presidente Suárez. El anuncio de su muerte ha funcionado, casi, como su verdadera muerte. De hecho, incluso le ha restado valor: el anuncio de su futuro deceso no causará tanto “dolor” o sorpresa colectiva como si no lo hubieran anunciado previamente. Ya nos estamos haciendo a la idea de que, en palabras del doctor Guillén que recoge EFE, “Suárez se apaga lentamente”.

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