Mariano Rajoy, o el inmovilismo de la vieja política

“A veces la mejor decisión es no tomar ninguna decisión, y eso también es una decisión”. “Hay muchas maneras de moverse y nadie ha dicho que estar quieto no sea una de ellas”. Por sus palabras lo conoceréis, y hay pocas frases que resuman de forma tan precisa la filosofía de Mariano Rajoy ante la política y ante la vida.

Nada es capaz de modificar esta forma de ver y vivir el mundo. Ni siquiera, la más certera bofetada (más bien puñetazo) de realidad: un joven que en plena campaña electoral se acerca para sacarse una selfie durante el paseo de los candidatos populares por Pontevedra e, ironías del destino, le asesta un gancho de izquierda en plena cara al presidente. Las gafas del aspirante a revalidar la presidencia del Gobierno vieron el suelo, dejando a su dueño (con 5 y 3’5 dioptrías) incapaz de discernir lo que acababa de ocurrir. ¿Cómo es posible que un país en grado 4 (de 5) de alerta terrorista permita que un joven lance un puñetazo al líder del Ejecutivo? A fin de cuentas, si le quitamos el místico efecto del poder y de la institución que preside, es un hombre de sesenta años.

Mariano Rajoy tras la agresión. Fuente: La Razón.

Mariano Rajoy tras la agresión. Fuente: La Razón.

Mariano Rajoy Brey (Santiago de Compostela, 1965) es el candidato más veterano de cuantos tienen opciones de habitar el Palacio de la Moncloa tras las elecciones generales del 20 de diciembre. Sabe que lo tiene difícil; no tanto por el desgaste que su Gobierno ha sufrido en los últimos cuatro años, como por la aparición de nuevos actores con posibilidades de gobernar frente al tradicional bipartidismo. Pero la principal rémora de Rajoy es él mismo.

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