Crónica de una muerte anunciada

Gabriel García Márquez, máximo exponente de la corriente literaria llamada realismo mágico, publicó en 1981 una novela llamada Crónica de una muerte anunciada. La novela, inspirada en un hecho real, narraba cómo se comete el asesinato de un hombre: Santiago Nasar. Pese a que todo el pueblo conoce las intenciones de sus asesinos, nadie intenta evitarlo o avisar al afectado, por lo que finalmente muere.

Este es un libro cuyo final conocemos desde el principio, en el que no es el final lo importante, sino el desarrollo de la novela misma. El final no tiene relevancia porque, básicamente, Santiago Nasar muere varias veces en el mismo libro; es decir, se narra varias veces desde distintos puntos de vista la muerte del protagonista.

Algo así es lo que está pasando a la prensa estos días desde que el 21 de marzo, Adolfo Suárez Illana anunciara que a su padre, el expresidente Suárez, le quedaban aproximadamente 48 horas de vida. La prensa, como si de carroñeros se tratase, ya ha matado en varias ocasiones al presidente Suárez. El anuncio de su muerte ha funcionado, casi, como su verdadera muerte. De hecho, incluso le ha restado valor: el anuncio de su futuro deceso no causará tanto “dolor” o sorpresa colectiva como si no lo hubieran anunciado previamente. Ya nos estamos haciendo a la idea de que, en palabras del doctor Guillén que recoge EFE, “Suárez se apaga lentamente”.

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