(Ciber)Guerra Fría

A nadie le resulta ajeno lo que llamamos Guerra Fría, ese período tras la Segunda Guerra Mundial en el que Occidente (con EEUU a la cabeza) se “enfrentaba” a Oriente (dirigido por la URSS) en una carrera armamentística, tecnológica y política; en la que cualquier chispa o fricción podía desatar una tercera guerra mundial.

Afortunadamente, el muro de Berlín cayó y la Rusia soviética colapsó, poniendo fin a esta tensión internacional, con EEUU como ganador sin conflicto. Desde entonces, nadie ha cuestionado el liderazgo de la potencia mundial por excelencia… ¿Nadie?

El terrorismo islámico, las guerras en Oriente Medio, la invasión de Afganistán, la captura y asesinato de Bin Laden… Todo esto ha llevado a cuestionar los principios sobre los que se regía la política estadounidense de principios de siglo. Una política de gran alcance internacional, justificada por los atentados islamistas del 11-S. Una política que, en último término, ha desarrollado y favorecido el espionaje global; un ciberespionaje de las principales potencias enemigas, todas potencialmente -valga la redundancia- enemigas.

Si hablamos de ciberespionaje, claramente pensamos en EEUU y en casos como el de Edward Snowden, desvelando una compleja trama de la NSA y el FBI de espionaje a escala masiva, tanto de ciudadanos de a pie como de gobernantes y jefes de Estado. También nos vienen a la cabeza nombres como Assange o Manning, este último quien filtró los cables diplomáticos difundidos por Wikileaks.

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